Cuando tenía 17 años me dió lo que los médicos diagnosticaron como mi primer ataque de asma. Estaba en la excursión de quinto bachillerato de mi colegio a Ciudad Pérdida, en el Tayrona, iba subiendo al ritmo de los niños, y me empecé a ahogar. El profesor de gimnasia (me acuerdo que le decíamos Chiva), me bajó casi que cargada, y me llevó de urgencias a un hospital en Santa Marta.
Desde entonces, he entrado por urgencias muchas veces por esta razón. Desde hace 5 o 7 años vengo utilizando beclometasona para prevenir el asma, y salbutamol para momentos de crisis. Ambos medicamentos son corticoides, que se que en el largo plazo van a tener repercusiones en mi salud. En mi familia no soy la única con asma, y algunos han muerto de esta enfermedad.
He tratado con varios tipos de medicinas alternativas y solo una, una vez funcionó. En esa oportunidad me trataron con terapia neural. El médico que me trataba tristemente se suicidó (plop!) y nunca más logré tener la confianza suficiente con otro médico como para continuar con esa o cualquier otra terapia, a pesar de haber pasado por muuuuchos médicos alternativos. La última que intenté hace unos meses fue medicina tibetana. Me atendió en un centro tibetano muy cerca a mi casa, una señora que a duras penas hablaba inglés. La cita duró exactamente 7 minutos. Me miró la lengua, me tomó el pulso, me cobro US$200 y me mandó a la casa con la promesa de una cura definitiva. NADA!
Desde que llegué de vacaciones ando con una tos muy molesta, que siempre termina en un acceso de asma. Fui al médico, me dieron los típicos medicamentos contra la tos (codeínas), y la cosa sólo mejoraba temporalmente.
El viernes la señora que sirve el café en mi oficina me vio tosiendo tanto, que se fue a una plaza de mercado (las plazas de mercado, para aquellos que depronto no entienden el concepto, son lugares donde venden productos frescos, pero no muy bien presentados, como lo sería en un supermecado. Los alimentos se consiguuen más baratos, se puede regatear, y además se consigue de todo, hasta pócimas para enamorar) y me trajo un atado de hierbas.
El atado consiste en: flor de sauco, borraja, tomillo, mora de castilla, papayuela y tilo. El remedio consiste en hacer una infusión con estas hierbas y tomárselo a discreción, endulzándolo con miel.
Por la noche hablé con mi madre y ella me dió otra receta contra la tos, esta un poco menos agradable al oido, y con tintes mágicos, pareciera. Se trata de cortar una cebolla roja, cubrirla de miel, y dejarla reposando en el “sereno” (típica palabra de mi mamá) que significa a la interperie, durante una noche. La cebolla “suda” un líquido que mezclado con la miel, ayuda en la expectoración.
Una de las personas que trabaja con E, le dio otro remedio, que consiste básicamente en comer ajos crudos. 3 dientes por la mañana y 3 por la noche.
Mi amiga C, me dijo que hiciera una infusión con la raiz de un gengibre y un par de cucharadas de miel.
Mi vecino A, me dijo que comprar agua reconstituida ($#$”#$!#???)
En fin… Yo opté por el primero y el segundo remedio, es decir, la infusión con el chorrero de hierbas y el jarabe de cebolla y miel. Comencé el sábado. Hasta ahora debo confesar que me ha servido mucho. La tos no se me quita, pero pasé de tener tos seca a tos húmeda, y ya no pasó la noche en vela tosiendo, que era lo que más me preocupaba. Mi teoría es que las codeinas paran la tos sin solucionar el problema de fondo. Las hierbas, y en general estas recetas caseras no paran la tos… siento que me sacan el demonio. No quiero entrar en detalles grotescos, pero en realidad siento que boto, literalmente, la enfermedad y que eso es bueno para el cuerpo.
Creo mucho en la medicina natural, en las hierbitas, en las recetas caseras. La medicina tradicional finalmente se inspira en la madre naturaleza, y nuestros indigenas curan los males más improbables a punta de matas, flores, semillas y y raices.
Ya les contaré cómo me va.