Estas dudas son mías, no son necesariamente compartidas con mi chico, aunque a él también lo veo un poco confundido frente al tema.
Para comenzar, debo contar que antes de volverme mamá, mucho antes, es decir, por allá en mis tiernos veintes, no quería tener hijos. No porque fuera una feminista recalcitrante de esas que se quieren parecer a los hombres. No. No quería tener hijos porque soy pesimista por naturaleza. En esas épocas, ya un poco lejanas, presentía de manera inminente el fin del mundo, y no porque los Mayas lo hubieran pronosticado para el 2012, o porque en el 2000 todo fuera a colapsar. Simplemente porque sentía que estábamos haciendo mal uso, como civilización, de los recursos de los que disponíamos. No quería traer al mundo a un hijo mío para que sufriera lo que yo creía que iba a ser una guerra por el agua, por el aire limpio, por todos los necesarios de la vida.
Mi chico, por su lado, es eminentemente optimista. Él en cambio, cree que la posibilidad de tener hijos por parte de personas educadas es una oportunidad para el mundo de tener gente que puede trabajar por el bien de la humanidad.
Mi chico y yo, por azares de la vida, nos encontramos, nos enamoramos, nos fuimos a vivir juntos y un día él me soltó la bomba sin anestesia: “Tengamos un hijo”.
Plop!!!! Replop!!!
Le di todos mis argumentos, morir de sed, de enfermedades cutáneas por daños de la luz del sol, vivir con máscaras, y literalmente se cagó de la risa de mis sustos. Me dijo que los hombres, nuestra civilización, va a lograr superar las dificultades, que la tendencia cambiará, bla, bla, bla, bla…yatayatayata… no me convenció del futuro, pero si de tener hijos.
Después de 2 años de intentos quedé embarazada. Nació la Bella. La Bella tiene casi 3 años.
La verdad es que he dejado de pensar en la inminencia del fin del mundo y de los males que se nos vienen, no porque no crea que van a ocurrir, sino porque si los tengo presente a todas horas, me enloquezco y no dejo salir a mi hija ni a la puerta de la casa.
Ahora, cuando nuestra hija ya no es una bebé, nacen sentimientos encontrados nuevamente. Siento muchas ganas de tener otro bebé. Pero nuevamente salen a flote todas las angustias anteriores. No hace falta ser un investigador muy profesional en el tema para darse cuenta que no vamos por buen camino. Creo firmemente que hacemos un muy mal uso de los recursos, que seguimos creyendo que el aire y el agua son recursos ilimitados, que es más bonito ver una mesa de madera que un árbol… en fin. Mis angustias vuelven a salir a flote. Además, lo somatizo, siento que respiro mal, detesto caminar por la séptima porque visualizo lo que pasa en mis pulmones, quiero salir corriendo nuevamente. AGGGHHHHHH!!!!!
Entonces nace una alternativa: ¿Qué tal la adopción? Yo siempre había pensado en la adopción como una alternativa linda para ser madre sin traer más niños a este (cruel y triste?) mundo. Pues ya no lo hice, ya aporté mi granito de arena al aumento de la población mundial aunque técnicamente si solo tenemos un hijo, en realidad estamos es manteniendo y no aumentando la población… pero bueno, volviendo al tema, la adopción. Yo siento, en lo más profundo de mi ser que es una alternativa maravillosa, que lo podemos hacer muy bien. Pero entonces cometo el error de consultar la opinión de terceros cercanos.
Mi mama: “Nooooooo!!! Cómo vas a hacer eso??? Qué tal que tenga problemas, tu no sabes cuáles son los antecedentes de esos pobres niños”. (Terrible posición, porque lo que creo que hay en el fondo es que le angustia no querer de la misma forma a dos de sus nietos, uno biológico y otro adoptado, y que tiene tremendas taras cultivadas en años de cliches).
El pediatra: “He visto casos terribles, terribles. Si puedes tener hijos biológicos, mejor hazlo”.
Mi amiga: “Por que no le dejas esa oportunidad a padres que realmente no pueden tener hijos?”
AGGGGGGGGHHHHHHHHH (nuevamente)
Mi posición: Son niños solos, con vidas que potencialmente van a ser difíciles si alguien no asume la responsabilidad de darles amor. Nosotros amor tenemos de sobra; no somos una familia prejuiciosa (mi mamá si, nosotros no); y bueno, el tema de los recursos económicos es otro asunto.
Es otro asunto porque esa es la principal preocupación de mi Chico, temporalmente transmitida a mí y asimilada por mi cerebro, pero recientemente desechada por falsa. No es cierto que no podamos mantener otro hijo. Estamos en la mitad de nuestras vidas profesionales. Tenemos muy buenos trabajos y la verdad muchas posibilidades de seguir creciendo laboralmente (y también por lo tanto, económicamente). Estamos mejor que el 95% o más de la población colombiana, que tiene en promedio 3.5 hijos. Entonces????
Entonces si podemos financiar otro hijo… mi dilema es otro.
Total, esta mañana, mientras miraba a mi hija durmiendo, justo antes de levantarla, pensaba que si solo somos los tres, igual vamos a ser felices, que no necesito nada más, pero…. la verdad es que si quisiera… No se si pueda vencer mis miedos.

El segundo:
Este año – la princesa Aurora (con tenis y corona burger king todo escogido por ella)
La japonesa:
