Bogotown

Entradas de Octubre 2009

De las preferencias para traer a los hijos a este mundo

Octubre 27, 2009 · 4 comentarios

Tengo una compañera en la oficina que tiene como fecha probable de parto el 6 de noviembre,es decir, está lista.

Hoy le dije que le veía la barriga bajita y que probablemente pronto sería la hora del parto.

Se asustó. Me dijo que ella espera llegar a la fecha probable porque no quiere un parto natural sino una cesárea programada. Que su médico lo había aprobado, y así esté en condiciones de tenr a su bebé por parto natural, no lo hará si no se adelanta.

Y recordé. Recordé que alguna vez (antes de mi embarazo) pensé que yo también preferiría tener cesárea. Cuando quedé embarazada, en cambio, mi deseo camnió y lo que más quería en el mundo era que A. naciera por parto natural.

Creo que en buena medida las mujeres le tienen miedo al parto por lo que ven en televisión: mujeres gritando como locas, sudando y llorando. Y tal vez si sea así, para algunas. Yo recuerdo mi parto como una situación dolorosa porque tuvo complicaciones particulares, pero no recuerdo haber gritado, ni siquiera llorado. Sentí como si la fuerza de la naturaleza, apoyada en mil pachamamas, me hubiese dado la fortaleza para soportar cualquier cosa.

No sé si esa haya sido la experiencia de la mayoría, pero ciertamente yo, desde lo más profundo de mi ser, puedo asegurar que prefiero un parto natural a una cesárea. Inclusive por razones egoístas… presiento que es mucho más doloroso tener que pasar por la cirugía de la cesárea. No se… puro instinto.

Categorías: comportamiento · familia · maternidad · salud

Enséñale a caer

Octubre 22, 2009 · 5 comentarios

Mi hermano, que recientemente es padre, me mando este link de un artículo publicado en el periodico on-line Perú21:

 Me pareció tan lindo! (Todas las referencias a la madre, aplican también al padre, y debo decir que esto aplica en algunos casos, sobre todo a niños un poco más grandesitos aunque la filosofía de fondo aplica a todos)

 ”Nunca emplees –con tu hijo– la palabra “obedecer” porque es un verbo indigno que denigra hasta a quien lo usa. Nadie es tan sabio que merezca ser obedecido. Enséñale, más bien, a dudar, a cuestionar, a rebelarse contra todo lo que le parezca injusto, sucio, cruel o falso. Anímalo a ponerse siempre del lado del que va perdiendo, del que se está llevando la peor parte, a proteger al pequeño y al frágil: al anciano, al pobre, al enfermo, a la flor, al niño, al perro. Y a serles fiel. Enséñale, por supuesto, a pelear por lo que cree. A guerrear como un loco por la verdad a como dé lugar, al precio que sea, hasta las últimas consecuencias. A creer en la gente que la busca y a dudar de la gente que la encuentra. Nunca prohíbas, convence. Nunca des órdenes, plantea siempre un gran abanico de alternativas. En lugar de pretender decirle lo que tiene que hacer, cuéntale tu experiencia: dile lo bien o mal que te fue en la misma situación y después déjalo solo. Que sea valiente y que decida solito. No le impongas tus opiniones. No le impongas tus afectos. No le impongas tus gustos. No le impongas tu religión. Ahórrale la mayor cantidad posible de miedos y de culpas y lo habrás librado de una inmensa carga de dolor completamente innecesario. No emplees nunca la palabra “cállate”. Jamás grites, ni golpees, ni castigues. Enséñale, más bien, que el que grita más es siempre el menos fuerte, que el que más maldice es siempre el menos temible, que el que insulta más es siempre el más imbécil.

No dejes de abrazarlo y besarlo sin falta todos los días. La certeza de que tú lo quieres más que a nada en este mundo será una razón para aprender a quererse primero y para (intentar) querer a los demás, después. No dejes de abrazar y besar a tu mujer delante de él, quiéranse siempre a la vista de todos pero cuando tengan ganas de pelear, esperen hasta que él se haya ido a la escuela y peléense en privado. No te permitas jamás, bajo ninguna circunstancia, la suprema cobardía de ofender ante él a su mamá. Recuerda que la madre es lo más sagrado y da la casualidad de que –antes que tu mujer– ella va a ser, sobre todas las cosas, su mamá. Suficiente confusión hay en la vida de los niños como para empeorarla con nuestras frustraciones, nuestros celos, nuestras deudas impagas y con toda nuestra mierda adulta. No toleres nunca en tu casa el dudoso lujo de la violencia, lo único que lograrás será hacer miserable su niñez y cuando crezca y se convierta en la atroz catástrofe que tan primorosamente cultivaste, te devanarás los sesos preguntándote qué hiciste mal. No tengas miedo de mostrarte débil, falible, imperfecto, equivocado, triste, roto, humano. No te avergüences de contarle tus miserias, tus traiciones, tus flaquezas, tus derrotas. Si le hablas con el corazón en la mano, desarrollará un espíritu solidario y compasivo y será capaz de hacerlas suyas también, aprenderá a no sentirse con derecho a reclamarte, a juzgarte y condenarte. No te avergüences de mirarlo a los ojos si un mal día te abraza el infortunio y te ves obligado a cambiarlo de colegio, a mudarte a una casa más chiquita, a vender el carro, a dejar de ir al cine, a comer menos lomo y más grated de atún. Si eso ocurriera –toca madera, claro– pero si eso ocurriera, díselo sin pena ninguna, dile que esta carretera en que viajamos nunca va en línea recta y que siempre habrá tramos que te sorprenden con súbitas curvas e intempestivas bajadas. Y si por el contrario, los dioses te bendicen y contigo la vida se ríe a carcajadas, tampoco se lo enrostres todo el tiempo, no le saques en cara que él tiene todo lo que tú nunca tuviste o que está –por eso– obligado a ser mucho mejor que tú. (Fíjate en la ridícula soberbia que encierra tamaño desafío). No lo obligues nunca a terminar la sopa apelando al hambre que tienen los niños del África a menos que tengas planeado animarlo a donar un porcentaje de sus propinas. Dale todo lo que necesite, pero tampoco mucho más. No olvides recalcarle que a los niños no se les diferencia por las marcas de sus zapatillas. Enséñale –por encima de todo– esa extraña alegría que solo se encuentra en el dar. Déjale muy en claro que cuanto menos tienes más libre eres, que –al final– tener no tiene absolutamente ninguna importancia.

No olvides enseñarle también a buscar la belleza. Entrénalo para encontrarla a cada paso en la perfección de la naturaleza o en el caos y aún en los lugares más insospechados. Por ejemplo: en su país, en el color de sus ojos, en la tristeza, en el silencio, en su interior. Nunca censures su curiosidad, no escatimes elogios a su gracia, talento o brillo, jamás silencies sus pasiones. No lo vigiles. No lo espíes. No lo invadas. Jugar es una actividad muy seria que requiere de la más absoluta privacidad. No le mientas nunca, ni para salir en defensa de un héroe de la patria, ni para hacerte negar en el teléfono, ni para justificar la imperdonable inasistencia de Papa Noel. Tampoco para intentar maquillar en algo los tramos menos admirables de tu biografía. Responde siempre con la verdad a todas sus preguntas, incluso a las más pendejas. Muéstrate siempre ante él gloriosamente desnudo, sin rubores, sin temores, en todo el esplendor de tu imperfección. Que no se olvide nunca de que su mente es el único paracaídas con que cuenta y que solo lo salvará si logra que se abra a tiempo. No le digas que tiene que leer libros, mejor asegúrate de que, en casa, siempre te vea leer. No le digas que estudie, haz que sea testigo de la pasión con que haces lo que sea que hagas en la vida para ganarte los frejoles. No le digas de qué alegrarse, de qué indignarse, a quién admirar y de qué compadecerse. Deja que lo aprenda solo –por imitación o por oposición– viéndote batallar, viéndote sudar, viéndote insistir. Viéndote triunfar y celebrar y también fracasar con toda el alma y volver a empezar todas las veces que sea necesario. Enséñale, por supuesto, a perder, que eso es algo que nos va a tocar hacer una y mil veces. Enséñale a fallar, a sufrir, a llorar, a caer.

Por lo que Dios más quiera, si solamente me vas a hacer caso en una, hazme caso en esta, guerrero: enséñale a caer.”

Categorías: comportamiento · educación · familia · maternidad

De tiempo atrás traía una preocupación…

Octubre 20, 2009 · 4 comentarios

…Preocupación que solo me preocupaba a mi, no a él, ni a nadie más. Bobadas de mamá, supongo.

La preocupación consistía en que la Bella, si yo estoy, no quiere estar con nadie más, ni quiere que nadie más le haga nada, ni nada de nada.

Alguna vez llegue triste al jardín a contarle a la directora (que es una gran maestra, entre otras) que la Bella no quería estar con el papá, y le decía que no lo quería, y eso a mi me tenía muy triste.

Ella nos puso una cita con la sicóloga del jardín, y la cita fue hoy. Ella, la sicóloga, nos aclaró muchas cosas que algunos de nosotros, padres aún inexpertos, no sabemos ni entendemos del funcionamiento de la cabeza de los chinos.

Primero nos dijo que un niño de la edad de Antonia debe tener apegos porque en eso se va a basar su futura independencia. Dice que eso refleja la salud mental de nuestra hija porque lo que dice con eso es que soy yo (por circunstancias de la vida) quien la proveé de la seguridad que necesita. Y digo que por circunstancias de la vida porque cuando la Bella nació yo me retiré de mi trabajo y durante año y medio estuve con ella, además porque él viaja mucho y pues yo soy la presencia constante en la casa. Me dice que aproveche porque las niñas generalmente hacia los 5 años empiezan a desarrollar un complejo de Edipo que las vuelve hacia los padres marginando a las madres. Que aproveche, pues.

Finalmente me dio un consejo, nunca más puedo volver a pasar a la Bella a dormir conmigo cuando E se va de viaje. NUNCA. Fue enfática. Porque para ella lo que ocurre cuando el papá regresa es que él la desplaza y por lo tanto, entra a competir con ella por mi atención.

En conclusión, la mía, es que esa preocupación, no es una preocupación compartida, ni siquiera por E, que lo entendió mejor que yo. Y sí, los hijos tienen épocas y si en esta adora estar conmigo, pues a disfrutar.

Categorías: comportamiento · educación · familia · gustos y disgustos · maternidad

El Colegio y otra eventualidad

Octubre 19, 2009 · 5 comentarios

Mi último post del día de hoy tiene dos temas uno mas o menos malo y uno terrible.

El primero es todo lo que hay que hacer para meter a un culicagado (mi hija en este caso) en un buen colegio en Bogotá. Es más fácil ser elegido en un cargo de elección popular yo creo.

No se si conté alguna vez qué es lo que nosotros esperamos del colegio en el que estudie la Bella, pero el hecho es que la respuesta a esta pregunta importante y la elección final fueron muy estudiadas. Finalmente este año nos decidimos a participar en los procesos de selección del colegio suizo y del colegio francés, básicamente porque “comulgamos” con la filosofía liberal de esos dos colegios.

Desde hace más de dos meses estamos en el tema. Primero hay que pagar una plata importante para que “revisen” los papeles, sumas que pueden llegar hasta los US$300 en algunos casos. Una vez uno se consigue la platica, toca comenzar a conseguir los papeles y piden de todo; uno es literalmente esculcado en todo: referencias personales, estado financiero, judicial (es cierto!!!!), en fin….

Hoy llegué al último colegio de esta tanda a entregar los papeles y me devolvieron después de esperar durante más de una hora, porque los extractos bancarios que entregue no son exactamente los del último trimestre sino que presente de junio a agosto…. plop!!!!!! Que creen que me gané la loteria en el último mes????

Trato de no dejarme angustiar con el tema, pero resulta que hay 51 cupos de los cuales tienen prioridad los suizos y los hermanos de alumnos. Quedaron 15!!!!! Que nos vamos a pelear entre 120 niños!!!!! (122 porque hay una señora que quiere meter a sus trillizos!). En el otro colegio, en el francés, hay 80 cupos, y 300 aplicaciones, y también tienen prioridad los franceses, hijos de exalumnos y hermanos de alumnos. No me voy a angustiar, no me voy a angustiar, no me voy a angustiar… y voy a hacer planas hasta que llegue a mil frases en el tablero del colegio como Bart.

Ahora, el segundo tema: A mi esposo lo trataron de “secuestrar” hace unas semanas. Es lo que en Colombia (o debería decir Locombia) se llama secuestro express. Le montan un video en la calle y se lo llevan en un carro. Lo retienen durante un par de días hasta que  lo sueltan pelado, es decir, sin un peso, sin un duro tío!!!! Él se salvó porque en el momento en que lo montaban en el baúl de un carro desconocido, llegaron a recogerlo. Justo a tiempo!!!!! Al principio no sabíamos que se trataba de un secuestro express, y pensamos que era un secuestro extorsivo común y corriente (de la peor calaña). En esas dos o tres horas alcanzamos a pensar hasta en irnos del país. Que horror!!!!!!! Que susto!!!!! No me gusta últimamente lo que vivo en Bogotá. Sigo quejandome…

Categorías: Bogotá · Colombia · Urbano · comportamiento · educación · familia · maternidad · violencia

Up-date

Octubre 19, 2009 · 2 comentarios

Cuántos meses ya????  Más de uno seguro si. Lo repito frecuentemente en algunos blogs… el tiempo pasa y no perdona…. Qué cosa!!!!

Este mes ha sido, o continúa siendo un remansillo de paz. Nos volamos unos días en viaje de amigos-romántico a N.Y. Estuvimos en el concierto de U2, y como siempre, prometo publicar algunas fotos.

Que ciudad!!!! Quedé absolutamente enamorada. Las dos últimas veces que fui a N.Y. estuve trabajando, y trabajando, con el agravante que en la penúltima ocasión acababa de separarme de mi primer esposo, y todo era doloroso, aún N.Y.

Esta vez fui con mi chico, con mis amigos, de paseo, yuppi!!!! El concierto grande… U2 no es mi banda favorita, pero si es una de las que más oigo…. desde hace muchos años. Acompañó mi adolescencia.

Comer en N.Y es todo un reto porque se puede comer horrible o delicioso. Logramos hacerlo bien un poco a ciegas porque esta vez, por primera vea en mi vida, no viaje con mi lonely planet. Mi hijita se quedó con mi suegrita, y di gracias a los dioses y a los astros y a todo el mundo por tener semejante calidad de suegra. Ama a la Bella, la consiente mucho y tal vez ese es el único punto un poquitico reprochable, porque claro, llegue y pedía chocolates!!! Pero que va!!! Mi hija pasó feliz con su abuela, mi suegra pasó feliz en Bogotá con su nieta y el resto de su familia, y bueno, yo quedé tranquila porque se puede quedar con ella o irse a Medellín con ella cuando lo necesitemos.

Luego de semejante viaje, vino el concierto de Depeche Mode QUE SI ES MI BANDA FAVORITA. Y que concierto. Lagrimal. Nostálgico. Rumberísimo.

Con la chiquita hemos pasado todos los días del fin de semana, intensamente porque nuestro ritmo de trabajo de las últimas semanas ha sido demencial y tristemente no la hemos podido ver mucho entre semana. Tratamos de compensarlo al máximo en los fines de semana.

Ahora, para las que se aburran de tanta lora repentina mía, voy a hacer otro post sobre los trámites del colegio.

Categorías: trabajo · viajes

Dicen que las mamás blogeras son el gran boom de este medio de comunicación.

Octubre 19, 2009 · Dejar un comentario

Creo que esta es de las muchas cosas que yo he nacido para ver de primeras. Cuando quedé embarazada, me inscribí a un montón de foros y de portales de noticias sobre el embarazo. Aún hoy estoy suscrita a algunos. También al quedar embarazada, empecé a escribir en el papel todo. Me entró una gran angustia de que todo eso que estaba viviendo, relacionado o no con el embarazo, quedará registrado para que algún día, mi lectora primera, que espero que sea mi Bella, lo lea.

Hace ya algún tiempo que tengo el blog, y aunque lo tengo descuidado, y no escribo tanto, y todas esas cosas de las que soy tan culpable, se ha vuelto mi herramienta favorita para desahogarme. Y también se ha vuelto un medio de consulta porque cuando leo los blogs de las que pasan por acá, y de otras pocas a las que alcanzo a leer, aprendo cosas, me entero de historias parecidas a la mía, diferentes a la mía, pero casi todas con un vínculo que une todos estos foros: la maternidad, la vida real, de no-desperate-house-wifes, de los de a pie.

En todo caso creo que se ha creado una gran cofradía virtual. Y es bonito porque siempre me siento como tomando un té con una amiga cuando estoy frente al computador leyéndolas.

Entre otras, porque no hay tantos blogs de papás blogeros…. Ya hablaré de los roles de género.

Categorías: blogs · comportamiento · comunicación