Las drogas recreativas, que impulsan el motor del NARCOtráfico, deberían ser no sólo legalizadas sino también reguladas, como lo son muchas otras actividades peligrosas en las que el Estado tiene injerencia directa. Y esto debe hacerse no sólo del lado de la demanda (como ocurre en Colombia donde es permitida una dósis mínimas de ciertas sustancias bajo ciertas circunstancias), sino también de la oferta (lo que no ocurre en Colombia donde, contradictoriamente, hay una lucha a muerte contra las mafias del narcotráfico)
Esta posición comporta una serie de cuestiones de orden moral que son relevantes, como las discusiones de Dios, y el bien y el mal, pero que también tienen que ser superadas para que podamos pasar al siguiente nivel, que es liberarnos de los terribles efectos de una guerra que no se va a ganar nunca porque la historia ha comprobado que donde hay demanda hay oferta. (caso del whiskey a principios del siglo XX, del tráfico de armas que mata mucha más gente que las drogas.. en fin….)
La MAFIA se alimenta de la ILEGALIDAD.
¿Por qué?
Porque el valor agragado que le da a los dueños del negocio la circunstancia de la ilegalidad es el aumento del precio en el mercado del producto. Unos arriesgan su vida o su libertad para poner en el mercado un producto en el que se han invertido algunos recursos en armas y sobornos para que algunos puedan consumirlo. Toda esa cadena de valor está basada en hechos riesgosos que se requieren para poner ese producto en las calles. Es un tema de adjudicación y remuneración del riesgo. Punto.
Ahora, si la producción, distribución y comercialización, además de por supuesto el consumo, se vuelven actividades legales los resultados serían:
- El Estado recupera el control de un tema que es estrictamente sanitario, y que cuesta muuuuuuuucha plata.
- El Estado se vuelve un regulador porque el mercado tiene imperfecciones que exigen esta garantía y determina el cómo, cuándo y por cuánto se pueden consumir drogas.
- Se acaba la guerra que pocos países viven, pero que involucra a miles, millones de personas inocentes que llevan a cuestas un dolor que no les corresponde.
Otros países del mundo han demostrado que esta es una estrategia lógica, poco costosa, que logra beneficios considerables, frente a los costos de la legalización (drogadicción, principalmente, que es un tema sanitario, y que eventualmente puede volverse un tema de orden público si no se controla). El análisis costo beneficio es positivo para esta estrategia.
Cuando viví en Australia recuerdo que en las fiestas electrónicas había una cabina de la ciudad de Sydney en la que se probaba la calidad de el extásis con el fin de que a los pelados no les fueran a meter gato por liebre y terminaran en la clínica muertos por sobredósis de alguna otra porquería. Es un tema de salud; si el Estado no esta ahí poniendo su cara, o si la actividad es ilegal, en todo caso va a haber pelados consumiendo extásis, pero quién sabe de qué calidad, quién sabe con qué consecuencias, mientras unos pocos hijueputas se lucran de un negocio en el que muchos mueren al año.
La triste realidad, es que el costo que asume Colombia (y algunos otros pocos países) , que es lo que me lleva a defender la bandera de la legalidad, es poco o nada considerado por los muy educados consumidores europeos, gringos, y recientemente asiáticos pujantes (además de todos los consumidores que hay en nuestros países).
Imagino un mundo en el que el derecho al libre desarrollo de la personalidad de para que el ser humano pueda, legalmente, joderse tanto la cabeza como lo quiera y decida volverse un inútil, pero en el que los miles de potenciales muertos que existen hoy por la guerra contra las drogas puedan tener la elección de vivir, y vivir como se les de la gana.
Es un tema, que repito, tendría que ser duramente regulado porque entiendo que hay poblaciones vulnerables que tienen que ser protegidas, como los niños, y que no puede hacerse en cualquier sitio y con cualquier droga. Inclusive, podría imponérsele un impuesto a quienes tomen la desisión de usar drogas, a manera de pago anticipado por los costos que eventualmente tendríamos que asumir los contribuyentes para poder garantizarle a ese individuo la salud. Y no es tan descabellado… en Inglaterra se ha propuesto que las comidas chatarra tengan un impuesto para subvencionar los costos en que incurre el Estado por los problemas de obesidad de sus ciudadanos.
Es super polémico, lo sé, pero siento en el fondo de mi corazón que es la única salida.
Sin embargo, no soy optimista; creo que moriré y no veré nunca este cambio, por lo menos en mi país.