Enséñale a caer

Mi hermano, que recientemente es padre, me mando este link de un artículo publicado en el periodico on-line Perú21:

 Me pareció tan lindo! (Todas las referencias a la madre, aplican también al padre, y debo decir que esto aplica en algunos casos, sobre todo a niños un poco más grandesitos aunque la filosofía de fondo aplica a todos)

 “Nunca emplees –con tu hijo– la palabra “obedecer” porque es un verbo indigno que denigra hasta a quien lo usa. Nadie es tan sabio que merezca ser obedecido. Enséñale, más bien, a dudar, a cuestionar, a rebelarse contra todo lo que le parezca injusto, sucio, cruel o falso. Anímalo a ponerse siempre del lado del que va perdiendo, del que se está llevando la peor parte, a proteger al pequeño y al frágil: al anciano, al pobre, al enfermo, a la flor, al niño, al perro. Y a serles fiel. Enséñale, por supuesto, a pelear por lo que cree. A guerrear como un loco por la verdad a como dé lugar, al precio que sea, hasta las últimas consecuencias. A creer en la gente que la busca y a dudar de la gente que la encuentra. Nunca prohíbas, convence. Nunca des órdenes, plantea siempre un gran abanico de alternativas. En lugar de pretender decirle lo que tiene que hacer, cuéntale tu experiencia: dile lo bien o mal que te fue en la misma situación y después déjalo solo. Que sea valiente y que decida solito. No le impongas tus opiniones. No le impongas tus afectos. No le impongas tus gustos. No le impongas tu religión. Ahórrale la mayor cantidad posible de miedos y de culpas y lo habrás librado de una inmensa carga de dolor completamente innecesario. No emplees nunca la palabra “cállate”. Jamás grites, ni golpees, ni castigues. Enséñale, más bien, que el que grita más es siempre el menos fuerte, que el que más maldice es siempre el menos temible, que el que insulta más es siempre el más imbécil.

No dejes de abrazarlo y besarlo sin falta todos los días. La certeza de que tú lo quieres más que a nada en este mundo será una razón para aprender a quererse primero y para (intentar) querer a los demás, después. No dejes de abrazar y besar a tu mujer delante de él, quiéranse siempre a la vista de todos pero cuando tengan ganas de pelear, esperen hasta que él se haya ido a la escuela y peléense en privado. No te permitas jamás, bajo ninguna circunstancia, la suprema cobardía de ofender ante él a su mamá. Recuerda que la madre es lo más sagrado y da la casualidad de que –antes que tu mujer– ella va a ser, sobre todas las cosas, su mamá. Suficiente confusión hay en la vida de los niños como para empeorarla con nuestras frustraciones, nuestros celos, nuestras deudas impagas y con toda nuestra mierda adulta. No toleres nunca en tu casa el dudoso lujo de la violencia, lo único que lograrás será hacer miserable su niñez y cuando crezca y se convierta en la atroz catástrofe que tan primorosamente cultivaste, te devanarás los sesos preguntándote qué hiciste mal. No tengas miedo de mostrarte débil, falible, imperfecto, equivocado, triste, roto, humano. No te avergüences de contarle tus miserias, tus traiciones, tus flaquezas, tus derrotas. Si le hablas con el corazón en la mano, desarrollará un espíritu solidario y compasivo y será capaz de hacerlas suyas también, aprenderá a no sentirse con derecho a reclamarte, a juzgarte y condenarte. No te avergüences de mirarlo a los ojos si un mal día te abraza el infortunio y te ves obligado a cambiarlo de colegio, a mudarte a una casa más chiquita, a vender el carro, a dejar de ir al cine, a comer menos lomo y más grated de atún. Si eso ocurriera –toca madera, claro– pero si eso ocurriera, díselo sin pena ninguna, dile que esta carretera en que viajamos nunca va en línea recta y que siempre habrá tramos que te sorprenden con súbitas curvas e intempestivas bajadas. Y si por el contrario, los dioses te bendicen y contigo la vida se ríe a carcajadas, tampoco se lo enrostres todo el tiempo, no le saques en cara que él tiene todo lo que tú nunca tuviste o que está –por eso– obligado a ser mucho mejor que tú. (Fíjate en la ridícula soberbia que encierra tamaño desafío). No lo obligues nunca a terminar la sopa apelando al hambre que tienen los niños del África a menos que tengas planeado animarlo a donar un porcentaje de sus propinas. Dale todo lo que necesite, pero tampoco mucho más. No olvides recalcarle que a los niños no se les diferencia por las marcas de sus zapatillas. Enséñale –por encima de todo– esa extraña alegría que solo se encuentra en el dar. Déjale muy en claro que cuanto menos tienes más libre eres, que –al final– tener no tiene absolutamente ninguna importancia.

No olvides enseñarle también a buscar la belleza. Entrénalo para encontrarla a cada paso en la perfección de la naturaleza o en el caos y aún en los lugares más insospechados. Por ejemplo: en su país, en el color de sus ojos, en la tristeza, en el silencio, en su interior. Nunca censures su curiosidad, no escatimes elogios a su gracia, talento o brillo, jamás silencies sus pasiones. No lo vigiles. No lo espíes. No lo invadas. Jugar es una actividad muy seria que requiere de la más absoluta privacidad. No le mientas nunca, ni para salir en defensa de un héroe de la patria, ni para hacerte negar en el teléfono, ni para justificar la imperdonable inasistencia de Papa Noel. Tampoco para intentar maquillar en algo los tramos menos admirables de tu biografía. Responde siempre con la verdad a todas sus preguntas, incluso a las más pendejas. Muéstrate siempre ante él gloriosamente desnudo, sin rubores, sin temores, en todo el esplendor de tu imperfección. Que no se olvide nunca de que su mente es el único paracaídas con que cuenta y que solo lo salvará si logra que se abra a tiempo. No le digas que tiene que leer libros, mejor asegúrate de que, en casa, siempre te vea leer. No le digas que estudie, haz que sea testigo de la pasión con que haces lo que sea que hagas en la vida para ganarte los frejoles. No le digas de qué alegrarse, de qué indignarse, a quién admirar y de qué compadecerse. Deja que lo aprenda solo –por imitación o por oposición– viéndote batallar, viéndote sudar, viéndote insistir. Viéndote triunfar y celebrar y también fracasar con toda el alma y volver a empezar todas las veces que sea necesario. Enséñale, por supuesto, a perder, que eso es algo que nos va a tocar hacer una y mil veces. Enséñale a fallar, a sufrir, a llorar, a caer.

Por lo que Dios más quiera, si solamente me vas a hacer caso en una, hazme caso en esta, guerrero: enséñale a caer.”

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5 Respuestas a “Enséñale a caer

  1. y yo con lo llorona que soy…
    es lo mas bonito que he leido en mucho tiempo…. me dan ganas de ir a despertarlo de la siesta y decirle tantas cosas, pero mejor no jajajajajajajaj
    A veces siento que Luciano no me pone atencion cuando le hablo, o le estoy explicando algo, o lo estoy ‘regañando”.. cuando le enseño algo, pero ahora me haces pensar tantas cosas…. si es que realmente la mayor parte del tiempo las palaras sobran y cuenta mas la actitud….
    muchas cosas para reflexionar con este post A.
    Bellisimo!

  2. Que lindo, me satisface como madre gracias a Dios muchas de las cosas que dice la hacemos en casa, pero hay tantas otras que he fallado, lo cierto es qeu como padres debemos darle el mas sabio ejemplo a ellos nuestros hijos, estoy pasando por una crisis de pareja y aun asi con la crisis mi hijo es feliz, nunca discutimos delante de èl y siempre le hablamos con la verdad pero una verdad fundada en el amor y el respeto, nuna por mucha rabia que tengamos debemos ser groseros con nuestros semejantes y mucho menos ser arrogantes siempre debemos tener un corazòn noble y humilde…..ahhh y lo mas sencillos si poseemos bienes materiales no obstentar de ellos es mas lindo cuando las personas a tu alrededor se dan cuenta de lo que tienes no solo material sino que nuestra mayor riqueza en nuestra nobleza.

  3. SALUDOS!!
    Si lindo, nice, kiut, pero no todo, no sé pero desde “chiquitica” me enseñaron a filtrarlo todo y por ello, mi letal filtro me arrojó solo lo

    DESTACABLE del texto anterior:

    “…Ahórrale la mayor cantidad posible de miedos y de culpas ….” “….Enséñale, más bien, que el que grita más es siempre el menos fuerte, que el que más maldice es siempre el menos temible, que el que insulta más es siempre el más imbécil…”

    “….No dejes de abrazarlo y besarlo sin falta todos los días. La certeza de que tú lo quieres más que a nada en este mundo será una razón para aprender a quererse primero y para (intentar) querer a los demás, después….”

    “….No toleres nunca en tu casa el dudoso lujo de la violencia, lo único que lograrás será hacer miserable su niñez y cuando crezca y se convierta en la atroz catástrofe que tan primorosamente cultivaste, te devanarás los sesos preguntándote qué hiciste mal…”

    “…No le mientas nunca…” “…Responde siempre con la verdad a todas sus preguntas….”

    DISCUTIBLE:

    “…Y si por el contrario, los dioses te bendicen y contigo la vida se ríe a carcajadas…”

    (* los dioses¿?¿? cuántos son¿?¿? existen tales¿?¿? o sólo UNO el único el que SiI bendice, EL TODOPODEROSO el dueño de tí , de mi de la tierra y de todo lo que hay en ella)

    INDUBITABLE:

    “…Por lo que Dios más quiera…”
    (*Dios siempre quiere nuestro bienestar: “por que yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes planes de bienestar y no de calamidad”

    INACEPTABLE:
    Nunca emplees –con tu hijo– la palabra “obedecer” porque es un verbo indigno que denigra hasta a quien lo usa. Nadie es tan sabio que merezca ser obedecido. (Inconcebible que por el mal llamado HUMANISMO hoy se predique la libertad por la libertad de pensamiento y de convicción, todos rodando como ruedas sueltas, el obedecer es VITAL y nunca indigno, si indgino fuera la REBELDIA sería más que justificable siempre, y por ello el resultado fatal levantamientos, oposiciones violentas, caos, pérdida de valores, pajáros tirando a las escopetas, hijos subvalorando a sus padres, hijos deshonrando a sus progenitores, hijos avergonzandose de sus tutores, hijos sin control juzgando y condenando sin piedad a los que les dieron el ser. ¿ Eso es lo que queremos, convertir a nuestros retoños en engendros malproductos nuestros? YO TOCO MADERA!!!!
    Q.D.T.B.

    • En total desacuerdo contigo con respecto a los dos últimos puntos. Respeto profundamente las posiciones religiosas de las personas, pero temo que la diferencia de pensamiento entre tu y yo se debe a eso…. yo no soy católica.

      Saludos

  4. Tenaz, que existan participantes que todo lo cuestionan y lo mal interpretan, exiten no uno si no miles mètodos para no emplear la palabra OBEDECER, el autor del articulo enseñále a caer fue bastante claro……….se puede enseñar con AMOR y asì quien no obedece con AMOR….el AUTORITARISMO, desapareciò hace mucho tiempo ahora los padres debemos utilizar otros mètodos para educar a nuestros hijos mucho pero mucho DIALOGO

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